El martes por la tarde, República Dominicana vivió uno de los apagones más extensos de su historia reciente, dejando a todo el país —incluidos destinos turísticos como Punta Cana— sumido en la oscuridad durante horas. Aunque el servicio eléctrico comenzó a restablecerse de manera gradual, las autoridades confirmaron que, pasadas las ocho de la noche, solo el 42.5% de la red había recuperado su funcionamiento. El ministro encargado del sector reconoció que la situación había sido “complicada” y anunció una investigación exhaustiva para determinar las causas del colapso, aunque descartó, por el momento, la posibilidad de un sabotaje.
En la capital, Santo Domingo, algunas zonas ya contaban con luz, y las pantallas publicitarias del centro volvieron a iluminarse, aunque el caos en las calles persistía. El apagón paralizó el tráfico, obligando a miles de personas a desplazarse a pie, mientras la policía se desplegaba para mantener el orden. El sistema de metro, uno de los principales medios de transporte en la ciudad, activó protocolos de emergencia y evacuó a los usuarios, muchos de los cuales tuvieron que completar su trayecto caminando. El suministro de agua también se vio afectado, agravando las molestias para la población.
Las redes sociales se inundaron de mensajes de ciudadanos que compartían su frustración, mientras las autoridades trabajaban contrarreloj para normalizar la situación. Aunque el ministro admitió que el sistema eléctrico del país es complejo y que identificar el origen del fallo no sería inmediato, insistió en que se tomarían todas las medidas necesarias para evitar que un incidente similar se repita. “No podemos hablar de sabotaje con certeza”, declaró, aunque no descartó ninguna hipótesis.
El apagón nacional puso en evidencia la vulnerabilidad de la infraestructura energética dominicana, un tema que ha generado debate en los últimos años. Mientras algunos sectores exigen inversiones urgentes para modernizar la red, otros señalan la necesidad de diversificar las fuentes de generación, especialmente ante el crecimiento de la demanda. El turismo, uno de los pilares de la economía del país, también sufrió las consecuencias, con hoteles y negocios en zonas como Punta Cana operando con generadores de emergencia.
Aunque el restablecimiento del servicio avanzaba, la incertidumbre sobre las causas del apagón mantenía en vilo a la población. Expertos en energía advirtieron que, sin un plan de acción claro, episodios como este podrían repetirse, afectando no solo la vida cotidiana de los dominicanos, sino también la imagen del país como destino seguro y confiable. Mientras tanto, las autoridades prometieron transparencia en la investigación y medidas concretas para fortalecer el sistema eléctrico, aunque el camino hacia una solución definitiva aún parece largo.

